la dama… | microrelatos

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La miraba hipnotizado desde la ventana.

Ella le coqueteaba desde la acera.
Con las sutiles artimañas de las mujeres que se saben deseadas.

Fascinado con su presencia y con la forma en que la noche se hacía eco en su silueta, comenzó a escribir la más pura carta de amor jamás hallada.

Ella le abrazaba con la mirada.
Una mirada tan dulce como penetrante. Que le llegaba al alma.

Él, completamente desarmado.
Rogaba la paz de una tregua de cristal, mientras pasaba en limpio cada una de sus ideas en pequeños trazos que se fundían en una maravillosa e intrincada carta.

No la conocía.
No era necesario.

Había en ella algo que lo intoxicaba.

Una vez terminada la carta la selló con el monograma de su lacre
y la beso dirigiéndose a la ventana.

La abrió y se dejó caer.

Cinco pisos más abajo, esa hermosa y joven muerte, sonreía.

Con la dulzura inerte de esa desconocida y bella dama,
a la que había robado su cara.

 

 

 

*Imagen de JacobMeudtPhotography.com

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el paseo… | microrelatos

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Caminaba tranquila, con la paz de la omnipotencia.

Disfrutando, a cada paso, del sublime y celestial juego de la muerte.

Los chasquidos se sucedían,
imperturbables,
hipnóticos,
perfectos.

La vida se extinguía entre sus patas.

Transformando en pequeñas manchas,
esos desagradables y minúsculos humanos que encontraba en su camino.

Humano a humano, se limpiaba los restos de las patas como quien pisa mierda en una esquina.

Y seguía su camino,
tranquila,
todopoderosa.

No los quitaba, no los prevenía.

Tampoco los comía.

Sólo los pisaba.

Así caminaba por el mundo la hormiga gigante.

Matando simplemente por placer.

Como lo hacen las especies más evolucionadas de este planeta.

 

 

* Imagen de Mike Hudson – http://www.seriocomic.com

gotas carmesí… | microrelatos

aliciarecortada

 

“Alicia”, repetía una y otra vez en estado de trance.

“Alicia”, suspiraba mientras la camilla rodaba briosa entre las caras perplejas.

Ella estaba ahí, como en un sueño sin noche,
apoderándose de su mente.

Las crudas instantáneas de los últimos minutos no le daban paz a su inminente descanso.

Sólo una brillante gota roja en el filo metálico,
se liberaba de ese oscuro recuerdo en blanco y negro.

Soñar en colores no es para todos.

Será por eso que esta última quimera, mostraba furiosa un gris apagado.

Sólo unas melancólicas gotas carmesí;
en las inocentes manos de su amada Alicia.

 

 

*Imagen de wallpapers.com

 

en viaje… | microrelatos

 warehouse

 

El auto se detuvo y el pánico se apoderó de él.

Su cuerpo tenía todavía frescas las heridas del recuerdo.

Esperaba lo peor. Temblaba en silencio.
Salpicando de odio sus venas y de terror la alfombra de ese oscuro maletero.
Sin embargo el baúl nunca se abrió.

Sólo escuchaba ruidos de tránsito, voces acalladas y bocinazos lejanos.

El calor de la esperanza le recorrió el cuerpo.
Creía que todo había pasado, que el tormento al fin había cesado.

Quiso gritar pero la cinta que tapaba su boca era mucho más fuerte que su aliento.
Intentó golpear el vehículo con todas sus fuerza, pero era inútil,
nadie parecía escucharlo.

La gente, misteriosamente ajena, seguía con su vida,
con la inercia de la rutina.

Media hora más tarde escuchó una puerta que se cerraba
y el coche que arrancaba.

Todo comenzaría de nuevo, los golpes,
las torturas,
el miedo.

 

 

la plaza… | microrelatos

bench

 

Leía tranquilo, mientras un tibio sol de octubre se adueñaba de la plaza de San Marcos.

El viento lo peinaba con suaves caricias que se llevaban, brisa a brisa,
todas las presiones y las cargas de la vida de prestado; que vivía como un santo.

La voz de la anciana le robó el alma de un pedazo.

– Te importaría cuidarme el bolso, que voy al baño. –dijo con total naturalidad.

No supo si era el tono de su voz, o la paz que imponía su mirada,
pero en custodio del bolso se convirtió,
mientras la extraña señora se alejaba,
sencilla, pura, inocente.

Ya no podía concentrarse en su lectura.
Ese pequeño bolso se hizo dueño de la tarde mientras lo acechaba calmo,
a su lado.

Algo lo intrigaba, lo atrapaba.

El bolso era todo, el dueño de ese banco.
El rey de la plaza de San Marcos.

¿Qué misterios contendría?
¿Qué cosas maravillosas se encontrarían en su interior?
Su mente estaba perdida en el bolso,
investigándolo con toda la fuerza de su imaginación.

La gente, presa de la inercia cotidiana, pasaba de largo.
Sin notarlo a él, ni al bolso,
ni a su mágico encanto.

Cuando decidió volver a la lectura,
custodiando el pequeño bolso de reojo,
escuchó lo último que recordaría en vida.

Un fuerte silbido en el oído izquierdo,
que los demás tradujeron a un estruendo.

Ese estruendo que todos recuerdan como la terrible bomba,
que una tarde de octubre,
transformó la plaza de San Marcos
en poco más que un hueco.

 

 

*Imagen de 8tracks.com

 

presa de la soledad… | microrelatos

presadelasoledad

 

La delicada mano que acariciaba su espalda se transformó, de golpe,
en un temblor glaciar que le recorrió el cuerpo.

No atinó a darse vuelta.

Prefería la siempre traicionera paz de la ignorancia.

La absurda certeza de estar solo en esa desconocida casa;
era lo único que lo mantenía con vida.

El aliento se le escapaba en pequeños sonidos.
Pánico.
Terror.
Si giraba la cabeza se sabía perdido.

Mejor esperar lo inevitable con el corazón en lágrimas
y la vista tan temblorosa como fija en el teclado.

Sin embargo ya nada le salía.
Las palabras se atascaban en sus manos
y los caracteres, ya borrosos,
pecaban de sinsentido.

Sólo entonces se opuso a la verdad.

Giró lentamente la cabeza y descubrió,
con el terror de una presa,
su reflejo solitario.

En un viejo espejo.

 

 

a un paso… | microrrelatos

photo

 

Su mente corría más que sus pies,
escapando con maña animal de las trampas del día a día.

Nada lo sacaba de su ensueño dramático, de la seguridad del recuerdo,
de cada paso.

Caminaba fuera de día, fuera de hora.
Presos de la inercia, sólo sus cansados pies latían de vida.

A un suspiro del asfalto, sintió el inesperado tirón de una mano en el abrigo.

A la realidad cayó de inmediato y al darse la vuelta, refresca su memoria en el vacío que lo sumergía.
Nadie cerca, ni siquiera a diez pasos.

Lo único que sintió fue el viento del camión que le rozó el costado.

Seguido de un sudor helado.

 

 

el despertar… | microrrelatos

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Abrumado se despertó en esa cama.
Extraña, lejana.

La mujer de su vida aún dormía a su lado.

En la ventana empañada, el joven sol derretía el rocío de la madrugada.
No había recuerdos.
No había sueños.
Sólo el mareo de un nuevo despertar.
De una nueva mañana, de un nuevo comienzo.

Mientras se obligaba a dormir nuevamente,
encontró a sus hijos que le sonreían desde una instantánea.

De pronto se estremeció.
El recuerdo se hizo culpa y le paralizó el corazón.

Con el taladro de los “bips” monitoreando su alma,
cerró los ojos para siempre,
matando unas amargas lágrimas.

 

 

* Imagen de 4freephotos.com

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la calle de la vida… | microrrelatos

photo

 

Una vez que se vio ante el hecho consumado, sólo pudo estudiar la forma de escapar a su pasado.

No encontraba la vuelta que necesitaba para frenar la vorágine de sus pensamientos.

Sólo veía el llanto de su abuela, que lo protegía como en un recuerdo.

Ya nada podía hacer, ya todo estaba planeado.

Entonces, como un fantasma del olvido, se perdió entre la gente.

Mientras tanto, en plena avenida,
llamada por la ironía “la calle de la vida”;
una masa de humanidad, rendía culto a su cuerpo en el asfalto.