un viajero… | microrrelatos

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Una mañana lo dejó todo.

Salió de su casa sin mirar atrás, sin saludar, sin dudar, ni pensar.

Todo su pasado se había desvanecido.
Todo lo que había amado, todo lo que había conocido, alguna vez sabido,
se había también desvanecido.

Sólo una idea recorría su mente, anidando en cada caricia, cada gesto, cada beso,
cada momento que salvaba del olvido.

Su cuerpo, ágil en latidos, le recordaba, a cada paso,
que ya sabía su destino.

Y en ese momento supo, en el fondo de su corazón,
que no hay excusas para el amor.

El amor es la excusa, para todo lo demás.

 

 

 

A mi vickyta por haberme hecho sentir así hace 5 años.
Y porque hoy sigo sintiendo lo mismo.

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el despertar… | microrrelatos

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Abrumado se despertó en esa cama.
Extraña, lejana.

La mujer de su vida aún dormía a su lado.

En la ventana empañada, el joven sol derretía el rocío de la madrugada.
No había recuerdos.
No había sueños.
Sólo el mareo de un nuevo despertar.
De una nueva mañana, de un nuevo comienzo.

Mientras se obligaba a dormir nuevamente,
encontró a sus hijos que le sonreían desde una instantánea.

De pronto se estremeció.
El recuerdo se hizo culpa y le paralizó el corazón.

Con el taladro de los “bips” monitoreando su alma,
cerró los ojos para siempre,
matando unas amargas lágrimas.

 

 

* Imagen de 4freephotos.com

penumbras… | microrrelatos

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Una noche se despertó.
Después de un sueño casi eterno,
abrió esos tristes ojos presos de un amor perdido.

Sonámbulo hacia la ventana, con falsos pasos se movía,
mientras en su pecho retumbaban,
como ecos de otros tiempo,
vacíos latidos de emociones ya vividas.

Gritó con todas sus fuerzas.
Tanto que la voz no le salía.

Por eso nadie lo escuchó.

Sólo sus lágrimas testigos,
ese grito recordarían.

Sin embargo, a un océano de distancia,
una hermosa y triste joven
creyó escuchar, con un escalofrío,
el lejano y sordo “te amo”,
de un alma en agonía.

 

 

ojos apagados… | microrrelatos

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No hablaba, no soñaba, no respiraba, no vivía.

Los diagnósticos se sucedían como las melancólicas notas de una triste melodía.

Los especialistas buscaban, en la falsa paz de su mirada,
algún indicio que demostrara que aún estaba con vida.

Ni siquiera él sabía que pasaba, tampoco sabía que sentía,
sólo sabía que en el vacío de su pecho una trágica y dulce sensación lo consumía.

Su corazón ya latía en otro cuerpo, un cuerpo que todos sus suspiros consumía.

Un nostálgico y hermoso cuerpo que volaba entre recuerdos en un avión con destino incierto.

Un avión que no se sabía si volvía.

 

 

la calle de la vida… | microrrelatos

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Una vez que se vio ante el hecho consumado, sólo pudo estudiar la forma de escapar a su pasado.

No encontraba la vuelta que necesitaba para frenar la vorágine de sus pensamientos.

Sólo veía el llanto de su abuela, que lo protegía como en un recuerdo.

Ya nada podía hacer, ya todo estaba planeado.

Entonces, como un fantasma del olvido, se perdió entre la gente.

Mientras tanto, en plena avenida,
llamada por la ironía “la calle de la vida”;
una masa de humanidad, rendía culto a su cuerpo en el asfalto.

 

 

mundo perdido… | microrrelatos

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Tenía un mundo propio. Perfecto.

Un mundo en el que sus deseos se veían satisfechos y sus principales miedos se perdían en las correntosas aguas de un río que venía del cielo.

Ése era su mundo.
Solitario. Privado. Imaginario.
Perfecto.

Un mundo en el que nadie podía hacerle daño, en el que nadie podía molestarlo.
En el que nadie, por más que quisiera o intentara, podía alcanzarlo.

Cada vez que la realidad le impactaba, que los más sutiles cambios de la vida cotidiana lo afectaban,
él se sumergía en su mundo.

Paseaba, conocía. Se maravillaba con las fabulosas especies y los paisajes de fantasía que su mundo le regalaba.

Pero sobre todo, la paz.
Éso era lo que más le gustaba. En su mundo se sentía en paz.
Vivía en paz. Era paz.

Después de unos minutos, o tal vez horas en el mundo real, él volvía.
Como si nada. Como si su viaje nunca hubiera existido.

Cada vez se retiraba más y más seguido a su mundo. A disfrutar los placeres que una naturaleza inventada había creado sólo para él.

La más pequeña excusa ya le era suficiente para empacar sus recuerdos y emprender el viaje perfecto a su mundo ideal.
La realidad ya poco le importaba, y volver a ella le era cada vez más difícil.
Como el regreso a clases de los niños tras unas largas vacaciones.

Así fue como un día, paseando por su mundo, se perdió.
Intentó, durante horas eternas, encontrar el camino de vuelta.
Pero la realidad estaba tan lejos,
tan inalcanzable,
que por más que se esforzara, nunca llegaba.

Por eso no volvió.
Y se quedó para siempre en su mundo de fantasía.

Un mundo propio.
Perfecto.

 

 

el ángel… | microrrelatos

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Soñando sueños sin poesía se despertó con un ángel a su lado.

Nunca había visto un ángel en su vida, pero la paz que emanaba su luz lo envolvió como un encanto.

Mirándola a los ojos pidió tomarla de la mano.

Y así el ángel le enseñó a volar.

Le enseñó a mirar el mundo desde lo alto.

Le enseño a poner en perspectiva lo bueno y lo malo.

Le enseñó a cruzar océanos y a llegar más lejos de lo que jamás hubiera pensado.

Le enseño a entregarse en cuerpo y alma, a escuchar su corazón y a jugarse por amor, sin reparos.

Le enseñó las cosas que de verdad valen la pena y lo lindo que es amar.

Con amor sincero.

Ése amor que dura un poco más que la eternidad.

También le enseñó a soñar de nuevo.

Pero sueños de amor y de vida. Sueños con poesía.

De esos sueños que merecen ser soñados.

Hace un año que despierta, todos los días, con el ángel a su lado.

Y aún hoy, ellos siguen volando.

Mirándose a los ojos. Y tomados de la mano.

 

* Para mi vickyta, aunque ya hace bastante más de un año… (L)

 

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nenas del árbol… | microrrelatos

Las nenas del árbol no son nenas cualquiera.

Para empezar son más dulces que las demás, con una piel suave y morada producto del sol y el aire libre.

Son nenas de cuello fino y delgado, de cuerpo robusto pero con encanto.
Las nenas del árbol son especiales.

No tienen piernas como las demás nenas, será porque no se mueven mucho que digamos.
Además casi nunca bajan del árbol.

Hay veces que pienso que las nenas del árbol tienen algo que ver con esos bichos que duermen para abajo.
Pero no, no creo, porque esos son feos y las nenas del árbol son las criaturas más lindas y dulces que hay en todos estos campos.

Paso horas mirando a las nenas del árbol, sus movimientos, como pasan el día dedicadas a sus cosas sin prestarle atención a nadie. Perdidas en su mundo. Su árbol.
Hay veces que incluso alguna cae jugando y yo la levanto y la vuelvo a poner con sus amigas, pero ya no es lo mismo.
Es como que la nena que se cae del árbol ya no puede volver. Y sigue su camino. Para otro lado.

En eso estaba, como siempre, mirando las nenas del árbol cuando llegó mi hermano.

-¿Qué hacés? –me preguntó.

-Nada, miro a las nenas del árbol.

-No son nenas, son manzanas. –dijo mi hermano.

Y se fue.

Matando la imaginación de un niño.

Que ahora sólo veía manzanas en un árbol.

 

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la última batalla… | microrrelatos

Desangrándose en el crepúsculo del campo de batalla que llevaría su nombre,
el eterno líder se vio superado en todo sentido.

Acosado por la manzana de la rendición, hizo pié en su segundo y mirando su batallón diezmado, supo,
con la certeza del destino,
que sólo había dos caminos.

Reunió todas sus fuerzas y con el poder del alma les dijo, a los pocos valientes que le quedaban, unas sencillas pero eternas palabras:

“Cada hombre es dueño de su destino y no debe dar explicaciones ante nadie.
Los que quieran vivir, vayan a casa.

Los que quieran vivir para siempre,
ayúdenme a empuñar la espada y a mirar a la eternidad a la cara.”