el caminante… | microrelatos

el_caminante

 

Un día como todos se despertó.

Y al bajar de la cama se dio cuenta que no podía tocar el suelo.

Sus dos pies pisaban,
firmes,
el aire.

Todos sus problemas, todos sus sueños y sus anhelos,
habían quedado a inalcanzables dos centímetros del suelo.

Todos intentaron ayudarlo a volver a poner los pies sobre la tierra,
pero cada paso que daba se elevaba un poco más;
haciendo, de lo firme, tan sólo un recuerdo.

A las siete de esa misma tarde ya le faltaba el aire.

Pero no le importaba.
Seguía caminando hacia el cielo,
sabiendo que,
con los pies sobre la tierra, es imposible llegar muy lejos.

A las 9 de la noche finalmente se asfixió.

Cayendo,
desde una altura indeterminable.

Con todo el peso muerto de su cuerpo.

 

 

*Imagen de tomorrowstarted.com

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Te amo che!

rosas

La miró fascinado. Como se miran esas copas de fino cristal con las que se brinda despacio. La adoró en secreto, pero de inmediato. Atesorando su perfume en un recuerdo, que vuelve a él a cada rato.

Se sentía libre y abrumado. Se sabía presa y encantado.

Ella brillaba con luz propia, encandilando, con la magia de sus sueños, una vela que parpadeaba en otro tiempo. Otro mundo. Un mundo para ellos perfectamente creado.

Sin saberlo, él se fue soltando. Dejando entrar esa mirada que esperaba hacía años. Su voz lo acariciaba desde adentro, con la frescura dulce del otoño, que flotaba, entre hojas peso pluma, esa eterna noche, de un mayo tan soñado.

Él la recorría con ojos perdidos, ojos mendigos, que la miraban desde abajo. La miraban como se mira a quien se teme. Pero no por amor al temor.

Por temor al amor era en este caso.

Ya la sentía tan parte suya que la falta de recuerdos le era extraño. Como si se hubieran visto en otro momento, en otra vida, en otro otoño. En otro año.

Nunca sabría si por la fuerza del amor, sus caminos se habían cruzado, o si ellos, sin darse cuenta, estaban escribiendo su propio destino, con tinta color vino y tomados de la mano.

Lo único que sí sabía es que esa noche, al entregar su alma con un beso, se dio cuenta que la conocía desde siempre.

La conocía desde siempre, sin que nadie los hubiera presentado.

 

Para vickyta, el amor de mi vida.

 

cita a ciegas… | microrrelatos

 

La primera vez que la vio lo cautivó.
Tenía una luz única, especial.
Una luz que apenas unos pocos sabrían disfrutar.

La segunda vez que la vio el encanto fue aún mayor.
Estaba obnubilado por sus comentarios, sus historias, sus relatos.
La magia flotaba en la luz tenue de la noche y él se dejaba llevar.
Entregándose, en paz, a su encanto y serenidad.

La tercera vez que la vio creyó escuchar unos violines que le llegaron al corazón.

La cuarta vez que la vio, la miró con esos ojos con los que se mira cara a cara al verdadero amor.
La admiraba en silencio,
descubriéndola con sincera admiración.

A la séptima vez que la vio, hubo algo que no le gustó.
Encontró pequeñas diferencias que se hicieron gigantes la octava vez que la vio.

La novena vez que la vio, ya no la entendió.
Sentía que no estaban hechos el uno para el otro y juró no verla más.
Aún así, le dio otra oportunidad.

A la décima vez ya se hartó.

Era, sencillamente,
una película de mierda.

 

 

Cuento publicado en antología de microrrelatos de cine. (2011)

Cuento publicado en antología de microrrelatos de cine. (2011)