presa de la soledad… | microrelatos

presadelasoledad

 

La delicada mano que acariciaba su espalda se transformó, de golpe,
en un temblor glaciar que le recorrió el cuerpo.

No atinó a darse vuelta.

Prefería la siempre traicionera paz de la ignorancia.

La absurda certeza de estar solo en esa desconocida casa;
era lo único que lo mantenía con vida.

El aliento se le escapaba en pequeños sonidos.
Pánico.
Terror.
Si giraba la cabeza se sabía perdido.

Mejor esperar lo inevitable con el corazón en lágrimas
y la vista tan temblorosa como fija en el teclado.

Sin embargo ya nada le salía.
Las palabras se atascaban en sus manos
y los caracteres, ya borrosos,
pecaban de sinsentido.

Sólo entonces se opuso a la verdad.

Giró lentamente la cabeza y descubrió,
con el terror de una presa,
su reflejo solitario.

En un viejo espejo.

 

 

Humor Lingüístico.

 

A ver, este es un chiste sólo para entendidos:

 

¿Qué le dijo    a  ´  ?

 

Soy un Seg. Symbol.

 

***

¿Será por esto que hacía los chistes de Bazooka?

hágase justicia… | microrrelatos

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Parado ante el tribunal que lo condenaría de por vida,
el joven abogado se vio presa de la peor crisis jamás vivida.

El acusado era culpable. Bien culpable.
Todos en la corte lo sabían.

Su crimen, tan terrible como innombrable.

Sin embargo no habría lugar a apelación.
Ni siquiera un veredicto que haga honor a la justicia.
El joven abogado, con la inmerecida complicidad de la ley,
había salvado al acusado, de esa pena irreversible,
que todos ya pedían.

El peso de la conciencia, su alma consumía
y mirando a las pequeñas víctimas a los ojos, se deseó chef.
Uno de esos chefs gourmet.

Que sólo han de preocuparse por cepas y comidas.

Por suerte nunca supo ser juzgado.

La respuesta a sus súplicas se hizo carne en el padre de los niños.
Y la justicia impactó en el acusado,
con la fuerza del disparo
que tanto merecía.

 

*Foto de www.freecodesource.com

a un paso… | microrrelatos

photo

 

Su mente corría más que sus pies,
escapando con maña animal de las trampas del día a día.

Nada lo sacaba de su ensueño dramático, de la seguridad del recuerdo,
de cada paso.

Caminaba fuera de día, fuera de hora.
Presos de la inercia, sólo sus cansados pies latían de vida.

A un suspiro del asfalto, sintió el inesperado tirón de una mano en el abrigo.

A la realidad cayó de inmediato y al darse la vuelta, refresca su memoria en el vacío que lo sumergía.
Nadie cerca, ni siquiera a diez pasos.

Lo único que sintió fue el viento del camión que le rozó el costado.

Seguido de un sudor helado.